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viernes, 20 de septiembre de 2013

LA VOZ DEL PAPA: “id a los abandonados”

La voz del Papa:
“id a los abandonados”


* * *

a)   El Papa invita a los católicos a ir a los pobres y abandonados, que esperan la proximidad de un hermano que llore con ellos.
“Id, dilectos hijos e hijas, id a los humildes, a los pobres, a los enfermos, a los infelices, a los abandonados por el mundo; id a ellos para levantarlos, para restaurarlos, para consolarlos, para ayudarlos, para animarlos. En sus desazones, en sus sufrimientos, en sus dolores, en su soledad, sientan ellos la proximidad del hermano que llora con ellos, que toma parte en su desventura y miseria, que es su amigo en la adversidad, que tiene una mano que los ampare, una palabra que calma su desdicha y les señala, por encima de la fugaz apariencia del tiempo, los inmutables bienes de la eternidad” (Pio XII, A los dirigentes de la Acción Católica Italiana [4 septiembre 1940] n.19: Col. Enc., p.1154).

b)   A ir a la juventud, amada de Cristo, expuesta a tantos peligros, para cultivar la semilla de la Fe.
“Id a la juventud, pues aunque en Italia la prudencia de los gobernantes ha reconocido la enseñanza religiosa en las escuelas elementes y medias, como “fundamento y perfección de la instrucción pública” (cf. Concordato entre la Santa Sede e Italia a.36), sin embargo, por su condición y fervor juvenil, se halla sujeta a encontrarse con tantos y tan graves peligros, que tiene necesidad de una vigilancia cada vez más asidua y profunda. Los jóvenes son la esperanza de la familia y de la patria. Jesús mismo amó singularmente a los niños, y amó al joven virtuoso; y en los núcleos de la juventud, ávida de lo por venir, cálida en sus entusiasmos, impávida ante los obstáculos, es donde encuentra la Esposa de Cristo sus levitas, aquellos corazones tan ardientes y generosos que habrán de guardar el arca santa y llevarán la buena nueva a todo el pueblo y a todas las gentes hasta los confines de la tierra. En medio de la juventud, haceos abanderados, maestros, compañeros; haceos jóvenes con los jóvenes, niños con los niños, caricias y su abrazo divino; entrad en sus almas para conservar en ellas las flores de la inocencia y de la virtud y sembrarlas con las semillas de aquella sabiduría de camino, de verdad y de vida, lámpara de la fe, que a la postre ha de posarse en el último descanso de la tumba. (ibid, n.20: Col. Enc., p.1154).

c)   A ir a los adultos, en cuyos espíritus se levante el grito angustioso del alma inmortal.
“Id también a los adultos, que, al crecer en su juventud y educarse en una atmósfera saturada de agnosticismo, cuando el hombre, temerario investigador de la materia y de la naturaleza, se ensoberbecía por sus inventos y por sus sueños, enfrentándose con Dios, hoy, al derrumbarse tantas ideologías y sistemas, sienten, consciente e inconscientemente, que desde el fondo de su espíritu se levanta el grito angustioso del alma inmortal, no satisfecha ya con los triunfos de la ciencia puramente humana ni con los atractivos del progreso moderno; grito que suscita en ellos la adormecida, pero irresistible nostalgia de acercarse a Jesucristo y a los inefables fulgores de su doctrina” (ibid., n.21: Col. Enc., p.1155).

d)  A ir en medio del mundo, confiando en Cristo Luchando por todos los medios, dirigidos por la jerarquía.
“Id en medio del mundo. Confiad en Cristo, que ha venido al mundo. Que vuestras armas sean el apostolado de la oración, del ejemplo, de la pluma, de la palabra; la humildad y la benevolencia, la paciencia y la mansedumbre, la prudencia y la discreción; la caridad prudente, que condesciende con los equivocados, pero no con el error, porque nada desea más ni con mayor ardor toda alma humana que la verdad. Sean vuestras reglas y artes en la palestra espiritual todas aquellas múltiples iniciativas y actuaciones que llegaren a aprobar, coordinar y dirigir los obispos y la Comisión Cardenalicia que Nos hemos constituido” (ibid., n.22: Co. Enc. P.1155).

e)   Es necesario ir a los pobres, adonde ellos viven.
“Pero ir a los pobres no quiere decir caminar sobre mullidas alfombras en lujosas moradas. Ellos viven en tristes casuchas, a veces sin techo siquiera, como aquellos desgraciados nómadas, y entre ellos dos niños, que en esta misma Roma dormían bajo un carromato sobre la desnuda tierra. Además, deberéis buscar siempre a los pobres, cuando estén dispuestos a escuchar cuanto de bueno se les quiera decir. Así, una señora colocábase todas las mañanas muy temprano sobre la terraza que daba al cuartucho en que un hombre violento vivía en concubinato con una desventurada digna de él, y a quien aquella compasiva compañera vuestra habíase empeñado en convertir de nuevo a Dios; y allí permanecía a veces bajo intensa lluvia, hasta que se abría la puerta, con la esperanza de que al fin también se abrirían los corazones. Otra señora, para llevar a feliz término la preparación religiosa de una joven israelita, no rehuía los calores del verano, soportados en un rincón de obscura tienda, para instruir a su catecúmena” (Pío XII, A las Damas de San Vicente de Paúl, de Roma, 13 de marzo de 1940).

f)    Un cristiano convencido del Espíritu de Cristo y de la Historia de la Iglesia, no puede permanecer en un cómodo aislacionismo ante las necesidades del hermano.
“Al contrario, el espíritu y el ejemplo del Señor, que vino para buscar y salvar lo que estaba perdido; el precepto del amor, y, en general, el sentido social que irradia de la buena nueva; la historia de la Iglesia, que demuestra cómo ella ha sido siempre el apoyo más firme y más constante de todas las fuerzas del bien y de la paz; las enseñanzas y las exhortaciones de los Romanos Pontífices, especialmente en el correr de los últimos decenios, sobre la conducta de los cristianos para con el prójimo, con la sociedad y el Estado, todo esto proclama la obligación del creyente de ocuparse, según su condición y su posibilidad, con desinterés y con valor, en las cuestiones que un mundo atormentado y agitado tiene que resolver en el campo de la justicia social, no menos que en el orden internacional del derecho y de la paz.

Un cristiano convencido no puede encerrarse en un cómodo y egoísta aislacionismo, cuando es testigo de las necesidad y de las miserias de sus hermanos; cuando le llegan los gritos de socorro de los desheredados de la fortuna; cuando conoce las aspiraciones de las clases trabajadoras hacia unas condiciones de vida más razonables y más justas; cuando se da cuenta de los abusos de un ideal económico, que coloca el dinero por encima de todos los deberes sociales; cuando no ignora las desviaciones de un intransigente nacionalismo, que niega o conculca la solidaridad entre cada uno de los pueblos, solidaridad que les impone múltiples deberes para con la gran familia de las naciones” (Pío XII, Radiomensaje de Navidad de 1948 n.9: Col. Enc., p.268).

miércoles, 11 de septiembre de 2013

CATECISMO BIBLICO Y APOLOGETICO (para descargar)

Prefacio
Para que el AÑO DE LA FE sea fructuoso

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EN ESTE AÑO DE LA FE, la publicación de este catecismo bíblico y apologético tiene tres fines:

1.     Obedecer a la voz del Papa y de nuestros obispos y apoyarlos en la defensa y propagación de la Fe católica;
2.     Apoyar a nuestros hermanos párrocos, sacerdotes, religiosos, religiosas y catequistas poniendo a su disposición un instrumento de trabajo para hacer llegar la fe y doctrina católicas a todas las almas que la Santa Madre Iglesia católica les ha confiado;
3.      Poner en las manos del pueblo católico un libro sencillo, completo donde puede encontrar un resumen de la Fe católica para conocer su propia Fe y defenderse de la propaganda de las sectas anti católicas que con unas citas bíblicas falsificadas quieren arrancar a toda costa la Fe cristiana católica de los corazones de nuestro querido pueblo católico y mariano.

Las preguntas y respuestas de este Catecismo fueron redactadas por los Hermanos de la doctrina cristiana (FTD); contiene la Doctrina católica basada en la BIBLIA, la Tradición apostólica y el Magisterio de la Iglesia. Debido a tanta confusión sembrada por el relativismo y las sectas, subproducto del protestantismo, hemos añadido numerosas citas bíblicas; afirmamos con claridad y convicción la Fe de todos los santos y papas y obispos católicos, y rechazamos con firmeza las acusaciones y pretensiones de las sectas fundadas por hombres rebeldes a la legítima autoridad del Papa y de los obispos que Cristo dejó en su Iglesia (San Lucas 10, 16). Nuestro fin, como lo dijimos ya, es apoyar al Papa y los obispos.

El cardenal Ratzinger, ahora Papa BENEDICTO XVI, en su libro INFORME SOBRE LA FE (Ed. BAC 7ª edición paginas 80-81), ya en 1985 decía que las confusiones que descubre en la teología se traducen en graves consecuencias para la catequesis. «Puesto que la teología ya no parece capaz de transmitir un modelo común de la fe, también la catequesis se halla expuesta a la desintegración, a experimentos que cambian continuamente. Algunos catecismos y muchos catequistas ya no enseñan la fe católica en la armonía de su conjunto -gracias a la cual toda verdad presupone y explica las otras- sino que buscan hacer humanamente “interesantes” (según las orientaciones culturales del momento) algunos elementos del patrimonio cristiano. Algunos pasajes bíblicos son puestos de relieve, porque se les considera “más cercanos a la sensibilidad contemporánea”; otros, por el motivo contrario, son dejados de lado. Consecuencia: no una catequesis comprendida como formación global en la fe, sino reflexiones y ensayos en torno a experiencias antropológicas parciales, subjetivas»
A principios de 1983, el futuro papa Benedicto pronunció en Francia una conferencia precisamente sobre la “nueva catequesis”. Dijo entre otras cosas: «El primer error grave fue suprimir el catecismo, declarándolo superado; a lo largo de estos años, ha sido ésta una decisión universal en la Iglesia, pero esto no quita que haya sido una decisión errónea o, al menos, apresurada.» Ahora insiste: «Es necesario tener presente que, desde los primeros tiempos del cristianismo, aparece un “núcleo” permanente e irrenunciable de la catequesis, es decir, de la formación en la fe. […] Toda la exposición sobre la fe se halla organizada en torno a cuatro elementos fundamentales: el Credo, el Pater Noster, el Decálogo, los Sacramentos. Esta es la base de la vida del cristiano, la síntesis del Magisterio de la Iglesia, fundado en la Escritura y en la Tradición. El cristiano encuentra aquí lo que debe creer (el Símbolo o Credo), esperar (el Pater Noster), hacer (el Decálogo) y el espacio vital en que todo esto debe cumplirse (los Sacramentos). Esta estructura fundamental ha sido abandona­da en demasiadas catequesis actuales, con el resultado que comprobamos: la disgregación del sensus fidei [sentido de la Fe] en las nuevas generaciones, a menudo incapaces de una visión de conjunto de su religión».
En efecto, en cada siglo el porvenir del cristianismo católico depende de la enseñanza de la FE a los niños y jóvenes. En cada siglo el futuro del mundo depende de la predicación de la Fe católica. Hoy, por no tener fe en la vida eterna, la gente ya no tiene esperanza y tampoco caridad. Todos reclamamos justicia. Todo esto es fruto de la FE, donde no hay FE auténtica, no hay esperanza, no hay caridad, no hay tampoco justicia. El desorden actual en el mundo es fruto de la pérdida de la FE divina y católica en el pueblo. El católico, a pesar de las tentaciones humanas, sabe que debe actuar como un hijo de Dios y respetar la vida y bienes de sus hermanos y si no obra bien tendrá que dar cuentas a Dios mismo que juzgará a cada uno según sus obras (San Lucas 6, 36-37; Sabiduría 6, 2-7).
Este Catecismo es un tesoro para todos: para preparar a los niños y jóvenes a la primera Comunión, a la Confirmación y a la Confesión. También para preparar a los novios al Sacramento del Matrimonio, porque permite revisar las nociones básicas que todo católico debe saber para sacar fruto de los demás Sacramentos. Este Catecismo ayuda también a los adultos, a los papás, a los jóvenes, a los ancianos, incluso, a refrescar su memoria y saber los puntos fundamentales de la FE católica que han olvidado o nunca aprendido.
Si quiere usted profundizar la Fe católica, además de los catecismos que Ud. conoce ya, le aconsejamos consultar en Internet la rica biblioteca católica (www.statveritas.com.ar) y bajar y leer el Catecismo Romano del Concilio de Trento, el Catecismo del Papa San Pío X que, dice el papa BENEDICTO XVI, “fue para muchos una guía segura en el aprendizaje de las verdades de la fe por su lenguaje sencillo, claro y preciso y por su eficacia expositiva”. (http://www.zenit.org/article-36263?l=spanish).


+Padre Michel Boniface


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